Revista de Bajos

Warwick LWA 1000 Silver

La tendencia parece irremediable y sin vuelta atrás. Supongo que con ver el título y las fotos de esta prueba, que es lo primero que solemos mirar todos, ya sabéis a qué me estoy refiriendo. No hace mucho me di una vuelta por varias tiendas de Madrid, incluida la especializada solamente en bajos que todos conocemos, y pude comprobar con mis propios ojos, y confirmar charlando con el personal de las mismas, que los cabezales grandes y pesados son parte del pasado. “Vendemos uno de los grandes cada 6 meses” me dijeron en una de estas tiendas donde había más de 30 cabezales para elegir, y la inmensa mayoría eran de la nueva generación: pequeños, ligeros y con buen sonido, excelente sonido algunos.

Si hiciésemos un estudio de mercado entre el universo de bajistas de nuestro país, y me atrevería a decir que del mundo entero, y preguntásemos por Warwick, con toda seguridad habría una abrumadora asociación de la marca a la fabricación de bajos. Es una de esas marcas que en su día rompieron moldes, con diseños innovadores y maderas exóticas, pero que ya ha quedado instalada en la mente de los músicos como un nombre clásico más. Además, siempre es prestigioso “ser” alemán (en esto al menos).

Pero no solo de bajos vive Warwick, porque los germanos llevan muchos años fabricando amplificadores que, sin embargo, no han entrado en el mercado con la fuerza y difusión que merecen. Porque si sus bajos están muy bien hechos y siguen teniendo mucho que decir, sus amplificadores también. Así que doble razón para traer a la revista el Warwick LWA 1000 Silver que hoy nos ocupa: por estar “poco visto” y por “ser bueno”.

Tecnológicamente hablando, los amplificadores de Warwick se hicieron verdaderamente adultos el día en que un singular maestro del bajo, el sueco Jonas Hellborg, se integró en el equipo de ingenieros de diseño de la marca alemana. Esto significó trasladar al laboratorio las ideas y necesidades del mundo real, encarnadas en los muchísimos años de experiencia de Hellborg. Y esto les da una credibilidad que se corresponde con los resultados.

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Un aro que lleva años rodando

No quiero que se tome como una crítica, sino como una simple constatación de la realidad, pero la verdad es que algunas marcas, demasiadas probablemente, han tardado mucho en darse cuenta de lo que estaba pasando. Y Warwick ha sido una de ellas, aunque no la única ni mucho menos. Mientras Markbass y pocos más se han hartado de vender en los últimos años, otros muchos fabricantes no querían reconocer un cambio de tendencia irremediable. Que si los amplificadores de Clase D aún no están bien conseguidos, que si las fuentes de alimentación, que si valen para las etapas de PA pero no para las exigencias de las bajas frecuencias, en fin, excusas que se han demostrado ser más una cuestión de incapacidad de reacción que otra cosa. Pero como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena, así que demos la enhorabuena a Warwick y a su equipo de ingenieros, no solo por pasar por fin por el aro, sino también por hacer una filigrana al pasar.

Vayamos al lío. Hemos hecho la prueba del LWA 1000 con la gama de pantallas LW en concreto con una 4×10 y una 1×15, para aunar pegada y profundidad en la salida, además de poder oír hasta donde “llegan” los 1.000 vatios prometidos. No obstante, nos centraremos exclusivamente en el análisis del cabezal, dejando las pantallas para otra ocasión. Además, las pantallas, pantallas son al fin y al cabo, y donde hay que rascar de verdad es en el ampli.

Que un cabezal sea bonito no da la felicidad, pero ayuda a conseguirla. Nunca he sido de los que he comprado un amplificador por su estética, pero he de decir que cuando lo saqué de su pequeña funda de transporte (parece mentira poder decir esto, pero así es), no pude por menos que pensar que era realmente chulo. O a mí me lo parece.

Bonito y completo por fuera

Estéticamente no tiene nada que ver con los diseños modernos y rompedores que estamos viendo últimamente aparecer, más bien todo lo contrario. Me recuerda a esos amplificadores de alta fidelidad de altísima gama que se pusieron de moda en los años 80 entre los melómanos más pudientes… pero en versión reducida, más bien reducidísima. La combinación de metal plateado en los paneles frontal y superior y madera en los laterales es muy acertada, y le da un aire diferenciador y elegante. Y los controles, indicadores e interruptores no hacen más que reforzar esa intención de diseño.

Su tamaño es sorprendentemente pequeño y su peso exageradamente ligero: 2,75 k. Cabe y se transporta con una mano. Sí, has leído bien. Y si esto sorprende antes de enchufarlo, cuando uno empieza a ver lo que es capaz de soltar desde dentro, ya es para quedarse boquiabierto.

Para empezar, es un verdadero logro que en este pequeño cabezal haya dos canales, un lujo. Porque, además, cada uno de los dos canales tiene todos sus controles e interruptores, no hay nada compartido, con controles de ganancia, ecualización y compresión duplicados. El hecho de que tenga dos canales es algo muy práctico que cada vez demandan más bajistas, y que resulta muy útil en caso de querer utilizar dos bajos distintos en una sesión o en un bolo, o simplemente tener dos ecualizaciones diferentes para que un mismo bajo cambie de timbre con solo conmutar el canal. La alternancia entre canales se efectúa mediante un pedal que viene con el ampli.

Cada canal cuenta con controles de ganancia, graves, medios-graves, medios-agudos y agudos para la ecualización, que como vemos es generosa en el terreno de los medios, desdoblando los controles para mayor eficacia de ajuste en estas frecuencias tan críticas. Es una ecualización de recorte/realce, con una posición central en 0 db, con variación de -/+ 12 db.

Además, hay un compresor de un solo botón, algo que agradecemos los que no estamos por la labor de pelear con los complejos parámetros de los compresores. También encontramos en la línea de cada canal un interruptor de “muteado” del canal y otro de activación/desactivación del compresor. Y por último, volumen master que regula ambos canales y una entrada auxiliar y una salida de auriculares, ambas para conector minijack. Un panel frontal más que completo para las dimensiones que tiene.

Y detrás, la misma tónica de efectividad y utilidad, donde no falta nada esencial ni sobran florituras innecesarias: bucle de efectos, salida de línea de jack y salida DI XLR con opción pre/post y conmutación de tierra, salida de afinador y, ¡atención!, una sola salida de altavoz. Importante tener esto último en cuenta porque la entrega de potencia de 1.000 W que figura en las especificaciones es si el cabezal trabaja a 4 ohmios. Y para que esto sea así, hay principalmente dos caminos: o una sola pantalla con dicha impedancia, o dos pantallas de 8 ohmios. En este último caso, no tenemos otra solución que conectar la única salida de altavoz del LWA 1000 a una pantalla y de ella sacar un cable a la segunda pantalla. Prácticamente todas las pantallas que hoy están en el mercado permiten esta conexión en serie, pero lo advertimos por si alguien pretende utilizar pantallas de “otras épocas”. Y si lo conectas a una sola caja de 8 ohms, entonces la potencia baja hasta 500 W.

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Bueno y potente por dentro

Como he tenido la suerte de contar con este equipo Warwick durante un tiempo algo más prolongado de lo que suelo poder hacer con los equipos de prueba, me he permitido probarlo en un par de ensayos y en tres bolos, dos de ellos en sitios pequeños (uno con PA y el otro a pelo) y en un recinto de tamaño medio.

La satisfacción empieza en casa, cuando voy a cargar el coche y casi meto el cabezal en la guantera. Y sigue en cuanto lo enchufo. En primer lugar, un tanteo a la ecualización y veo que responde, que hace lo que se espera de ella y algo más: cuando llevo los controles hacia la derecha de su eje central que marca el 0, suben los db de exposición. Es decir, la ecualización añade presión sonora e incrementa la sensación de volumen. Y este es parte del secreto para que este ampli suene alto de verdad. Trabajando un poco la ecualización no solo damos forma al sonido, sino que también le dotamos de más presencia. Pero quiero dejar claro que en valores no extremos nunca pierde la musicalidad ni la precisión tímbrica.

Es un cabezal que suena alto y responde muy bien a los picos transitorios. En la hoja de especificaciones del producto que facilita la marca, destaca una referencia hecha por Jonas Hellborg a su fuente de alimentación, que parece ser el secreto de que haya tanto margen de potencia y de que responda tan bien a la demanda de picos con empuje en momentos puntuales de una interpretación.

Otra de las prestaciones estrella del LWA 1000 es el compresor, uno por canal como ya hemos descrito. Su acción es suave, uniforme y transparente. Resulta de gran utilidad para centrar bien en la mezcla el bajo cuando se toca con mucha dinámica. Una bendición que solo sea un botón optimizado en sus algoritmos internos para que no haya que complicarse la vida.

Si tuviésemos que describir el sonido de este amplificador, lo haríamos como transparente. De hecho, Jonas Helborg lo califica como un amplificador con calidad de audiófilo. Es un amplificador que, aunque tiene mucha potencia y suena con poderío, es limpio y aséptico. Si dejas la ecualización sin manipular, no colorea el sonido del bajo, y si prefieres ecualizar nunca tendrás la sensación de que se te va la nitidez de las manos, ni siquiera cuando aumentas mucho el volumen. Esta limpieza es el mejor punto de partida de un amplificador, porque te da la opción de utilizar todo tipo de efectos si lo que pretendes es saturar, colorear o añadir agresividad al sonido. Si por el contrario, el amplificador te añade una o varias texturas determinadas a la señal que sale de tu bajo, eso ya no hay quien lo cambie, y por lo tanto no queda más remedio que construir sobre esos cimientos “viciados”.

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Veredicto final

¿Mil vatios, en un tamaño tan pequeño y que pesa tan poco? ¿Y suena limpio y con calidad? ¿Y tiene dos canales, y cuatro bandas de ecualización y compresor? ¿Y por menos de 800 euros? Como la respuesta es sí, pues ya está todo dicho. ¡Ah, noooo, se me olvidaba algo! Y además llama la atención a la vista porque parece un ampli de hifi de los caros, de los buenos, de los finos. Y muchas veces las apariencias no engañan.

Jerry Barrios

 

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