Revista de Bajos

Music Man Classic Stingray 5

Muchos han sido los avances que en 60 años de historia del bajo eléctrico se han ido incorporando al instrumento y muchas las grandes marcas que a ello han contribuido. Pero lo cierto es que los bajos más clásicos no han perdido ni un ápice de terreno frente a los más “modernos”. Muy al contrario, ya hace bastantes años que un furor clásico recorre el mercado, que si bajos “vintage”, que si reediciones a imagen y semejanza de modelos de los 60 y 70… Pero en esta fiesta de reediciones y búsqueda de los tiempos pasados faltaba un invitado on mucho “pedigree”: el Stingray De Music Man.

¡Difícil es hablar de bajos y que tarde o temprano no aparezca Leo Fender por algún sitio! Suyo fue el mérito de crear los dos bajos más clásicos y vendidos de la historia de la música, el Precision y el Jazz Bass, pero es que después volvió a reinventarse a sí mismo con la creación del Stingray en 1976, desde Music Man, la nueva empresa que fundó diez años después de su salida de Fender. El tingray, que se ha ganado con el paso del tiempo el título de “tercer clásico”, ha ido incorporando modificaciones a lo largo de su vida, sobre todo desde que en 1984 Ernie Ball compró Music Man, siempre tratando de evolucionar hacia donde los tiempos demandasen, pero muchos son los bajistas que han vuelto la mirada en busca del sonido, el tacto y las características de construcción de los Stingray originales. Con el lanzamiento de la serie Classic Collection, se acabó buscar como locos Stingrays de finales de los 70.

Construcción

Empezaremos por decir que la nueva serie Classic cuenta con modelos de 4 y 5 cuerdas. Así pues, teniendo en cuenta que los primeros Stingray de 5 cuerdas vieron la luz en 1987, no estamos ante una reedición de tal o cual modelo de un año en concreto, sino más bien del regreso a unas características constructivas propias de los Stingray originales, sin renunciar a algunas mejoras y estándares actuales que contribuyen significativamente a la calidad del bajo y para nada desvirtúan la personalidad ni el sonido del instrumento en esa vuelta a las raíces.

Para escribir este artículo de prueba contamos con un 5 cuerdas, en un precioso acabado color Tobacco Burst, con cuerpo de fresno, mástil de arce de ojo de pájaro y diapasón de palosanto. Importante reseñar que todas las maderas que Music Man utiliza para esta serie son las clásicas combinaciones de aliso o fresno para el cuerpo y arce o palosanto para el diapasón, como se construían en la época que evocan. En estos bajos no hay lugar para maderas exóticas, ni tapas, ni otras florituras estéticas. Llama la atención inmediatamente su aspecto “vintage”, con el primer logo que identificó al Stingray y su espectacular barniz que incluye un lacado en el mástil idéntico al que Leo Fender decidió aplicar a su nueva creación por aquel entonces y que Music Man abandonó hace ya mucho tiempo y ahora recupera en la serie Classic. Pero aún hay mucho más que nos transporta al diseño original y que vamos a ir desgranando, diferencia a diferencia, con el modelo de Stingray actual.

Obligada mención es que el cuerpo no presenta “rebaje” en su parte superior trasera, sino que el reverso es completamente plano como una tabla, lo que en inglés se conoce como “slab body”. Estamos hablando del rebaje en la madera que sí existe en los modelos “normales” de Stingray y cuya función es adaptarse mejor al cuerpo del bajista con eficiencia ergonómica en la forma (en otras palabras, ¡para acoplarse a la posible barriga del músico!). Pero así eran los originales y así nos los recrean ahora y, sinceramente, no nos ha resultado incómodo, cosa que al principio nos temíamos podía suceder.

Hemos podido comprobar durante el tiempo de trabajo para redactar esta reseña su excelente comportamiento en lo que a balance se refiere, tanto colgado con correa como tocando sentados, pero el peso no es precisamente su mayor atractivo, dándonos la sensación de ser algo más pesado que el modelo actual con el que estamos continuamente estableciendo la comparación. Este extremo pudimos comprobarlo en la propia página web de Music Man donde, en las respectivas especificaciones de uno y otro modelo, les otorgan un peso medio de 4,87 kg al Stingray Classic 5 y 4,54 kg al Stingray 5.

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Una de las grandes diferencias perceptibles está en el diapasón, que tiene un radio de 7,5” en lugar de tener 11” como ocurre en el actual Stingray5. Esto se traduce en una mayor curvatura en el modelo Classic, con lo cual muchos bajistas tendrán el tacto de la vieja escuela y les resultará más cómodo y familiar, porque los diapasones tan planos como es la tendencia hoy en día no siempre gustan a muchos. Otra de las marcadas diferencias son los trastes, notablemente menos anchos en estos bajos de la Classic Collection, algo que también agradecerán un buen número de bajistas. He de decir que el remate de los trastes era perfecto en el bajo que manejamos para esta prueba.

Siguiendo con la descripción de las características de construcción fundamentales de este modelo, llegamos a algunos detalles de esos que al principio de estas líneas nos referíamos como “mejoras actuales”. Uno de ellos es el acceso al alma. Hace ya muchos años que Music Man optó por el acceso al alma más cómodo y sencillo de usar que existe en el mercado (también lo utiliza Roger Sadowsky en sus bajos): una rueda cilíndrica con agujeros que asoma al final del mástil en su unión con el cuerpo y que permite el giro del alma con extrema facilidad. Muchas veces me he preguntado por qué el resto de los constructores no adoptan esta solución y así se acabaría el suplicio de llaves Allen redondeadas, terminales hexagonales con los vértices destrozados y/o accesos profundos a los que resulta complicado llegar. Otra diferencia de este modelo con los originales es la unión al cuerpo con placa cuadrada de seis tornillos en vez de placa triangular de tres tornillos, lo cual le confiere una estabilidad de sujeción mucho mayor. En definitiva, grandes aciertos de Ernie Ball al haber hecho estas concesiones a la modernidad, que lo cortés no quita lo valiente.

¿Cuántas veces hemos echado de menos poder encordar nuestros Stingrays a través del cuerpo, como se hacía en los “antiguos”? Pues también parece que se han escuchado nuestras plegarias, porque la vuelta al diseño del puente típico de estos bajos en sus primeros años nos permite esto y más, ya que recuperamos también las sordinas de espuma que nos posibilitan mutear las cuerdas con mayor o menor intensidad mediante unos muelles que las accionan simplemente girando con la mano unas ruedas que los elevan o descienden.

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Donde no ha habido ninguna concesión a la comodidad es en el compartimento de la pila, que en lugar del cómodo y accesible cajetín basculante que hoy monta la marca, se ha vuelto a la cavidad en el cuerpo con una tapa metálica atornillada. Fiel a sus orígenes pero más laborioso el cambio de pila.

Por último decir que algunos de los colores en los que está disponible la Classic Collection no existían en la oferta de los primeros Stingrays, pero no deja de ser también de agradecer la convivencia de colores de aquella época con acabados de los de hoy, así el comprador puede elegir y se hace bueno aquello de “en la variedad está el gusto”, ¿no?

Electrónica y sonido

E inmersos en este vaivén de lo que se conserva y lo que cambia con respecto al diseño original del bajo, llegamos a la electrónica. Aquí sí que el regreso al pasado es manifiesto y completo: nada de 3 bandas de ecualización en el previo, nada de controles con muesca central para indicarnos a partir de donde empieza el realce (boost) o el recorte (cut) en dbs de cada banda de ecualización, nada de palanca de configuración de pastilla o pastillas (en el caso de los modelos más recientes con 2 pastillas), en definitiva, nada de lo que con el transcurrir de los años ha ido agrandando el abanico de opciones a elegir en los Stingrays. La versión Classic se ciñe escrupulosamente a la versión original: pastilla única con grandes imanes, la que ha hecho famoso ese típico sonido Stingray, poderoso y

gordo con ese puntito gutural que tantos amantes tiene entre los bajistas; 3 controles, uno para el volumen y dos para el previo de 2 bandas, agudos y graves, solamente de realce (boost) sin muesca central… ¡y se acabó!

 

¿Pero es que hace falta más para tener un Stingray de pura cepa? Como siempre pasa en los previos que solamente son de realce, empezamos partiendo de posiciones de cero tanto en los agudos como en los graves y los fuimos abriendo y aumentando paulatinamente hasta reconocer el sonido que buscábamos, el que esperábamos de un Stingray clásico. Los controles no tienen ninguna referencia visual ni táctil (ya hemos dicho que no hay muesca central) para poder saber en qué punto del recorrido nos encontramos, con lo cual ha de ser nuestro oído quien nos vaya guiando. Pero esto, que puede parecer incómodo y confuso a priori, no lo es en realidad, porque en este tipo de previos de realce suele ser bastante reconocible el punto donde el bajo suena poderoso.

Si nos quedamos muy abajo en el posicionamiento de los controles, apreciaremos claramente cierta debilidad tonal y si los abrimos a tope el sonido será forzado, con agudos y graves excesivos, provocado por una curva de ecualización exagerada y carente de medios. Así pues, desde ese punto intermedio de equilibrio, ya podremos hacer leves ajustes en una u otra dirección tonal en busca de nuestro sonido favorito, siempre con mesura porque el previo responde con decisión. Si recortamos un poco los graves y favorecemos los agudos entraremos en esa dimensión más gutural que se consigue con las pastillas de puente. Si hacemos lo contrario, subiendo graves y bajando agudos, obtendremos el sonido más grueso y redondo típico de una pastilla de puente. La respuesta si tocas con los dedos es de un ataque y una pegada considerables, sin perder nunca el cuerpo y con gran definición en los graves. Y si lo tuyo es el “slap”, eleva un poco ambos controles para que se produzca una cierta carencia de medios y tendrás uno de los tonos de “slap” más exquisitos que se pueden conseguir.

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Y ahora, ¡a jugar con las sordinas del puente! Y digo a jugar porque nos ha resultado realmente excitante ir observando como inciden en el sonido a medida que se van acercando a las cuerdas. Es como tener una segunda ecualización pero mecánica en lugar de electrónica. Si se le dedica tiempo a experimentar, podremos descubrir un mundo sonoro e ir desde un simple recorte acústico de los agudos, si sólo se rozan con las sordinas las cuerdas, hasta un sonido pastoso y súper oscuro si se comprimen contra ellas.

A todo esto debemos añadir que la posición de la mano derecha, es decir la cercanía al puente o al mástil con la que se pulsan las cuerdas, tiene una gran incidencia en la respuesta tonal de este bajo, probablemente por tener una sola pastilla y estar colocada en lo que muchos consideran el “punto dulce” de un bajo. No parece improbable que Leo Fender estudiase este fenómeno a fondo antes de decidir el posicionamiento exacto de la pastilla única. Ineludible hablar de la 5ª cuerda. Mucho se ha escrito sobre si los bajos con 34” de tiro de mástil son demasiado cortos para obtener la suficiente tensión en el SI grave y que la cuerda no suene fofa, lo que ha llevado a muchas marcas a construir sus bajos de 5 cuerdas con mástiles de escala 35”. Pues este es un claro ejemplo de que un bajo de 34” puede tener una 5ª cuerda perfectamente definida, concreta, afinable y octavable. Siempre ha sido una característica de los Stingrays el tener una 5ª cuerda magnífica y este modelo no es una excepción. Todo un lujo una 5ª en un bajo de marcada personalidad clásica. Pero también es preciso advertir que todos los Stingrays de 5 cuerdas, ya sea esta reedición clásica o las versiones modernas, tienen uno de los mástiles más estrechos, y por tanto con menor distancia entre cuerdas, del mercado. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente ha de tenerse en cuenta porque hay a quien le resulta comodísimo no tener mucha anchura de mástil y necesitar menos esfuerzo físico de la mano para tocar, y hay a quien la poca distancia entre cuerdas le supone dificultad para “slapear” o sencillamente no se habitúa a ello si acostumbra también a tocar bajos de 4 cuerdas con mayor separación entre ellas.

Conclusiones

De impecable construcción, estamos ante un bajo con un atractivo especial y muchas y muy peculiares posibilidades de conformar el sonido, todas ellas referenciadas a los Stingrays de finales de los 70. Hay muchas cosas excelentes en su concepción, pero el hecho de estar ante un 5 cuerdas con todo el sabor de los primeros Stingrays, algo que históricamente es contradictorio, me ha hecho disfrutar doblemente durante todas las horas que he pasado con él.

Tras muchos años esperando que Ernie Ball sacase un modelo basado en el espíritu con el que nació el Stingray, por fin lo tenemos. Bien es verdad que puede no ser el bajo de muchos, pero también lo es que con plena seguridad será el bajo que otros muchos estaban esperando. Todo depende de lo que cada cual busque o de que la curvatura del diapasón, la forma de contorneo del cuerpo, el peso o las posibilidades de ecualización del previo te inclinen hacia el modelo original o el modelo actual. Por el Classic pagarás unos 400 euros de media más que por el modelo contemporáneo (depende del color, diapasón, etc.), pero ¿no vale esa diferencia de precio la satisfacción de tener lo que tanto tiempo has estado esperando?

Terry García

 

 

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