Revista de Bajos

Mooer Bass Pedals: Fog, Thunder Ball, Sweeper, Graphic

La profusión de pedales de efectos para bajo aparecidos en los cinco o seis últimos años ha sido realmente un fenómeno a tener en cuenta. No hará ni una década que los efectos disponibles diseñados especialmente para el bajo eran pocos, caros y difíciles de encontrar. Pero esa situación ha dado un vuelco claro. Hoy en día todos los fabricantes que durante años pusieron la vista solamente en el mercado de los guitarristas, ahora tienen una línea de pedales para bajo.

Pero no solo eso, sino que también han surgido fabricantes de dedicación exclusiva, unos de boutique como Dark Glass, y otros de fabricación en serie en Asia, y por lo tanto low cost. Este es el caso de la marca americana Mooer, que fabrica en China unos pedales realmente buenos y que, además, tienen una característica llamativa a la vez que súper-práctica: no son pedales, son mini pedales.

Mooer, sinónimo de innovación

Cuando parece que ya está todo inventado, llegan los “pedalitos” asombrosos de la mano de Mooer, unas miniaturas que pueden competir en sonido y construcción con la mayoría de los pedales medios del mercado, pero que les aventajan en un par de cosas “sin importancia”: ocupan la mitad y cuestan la mitad. ¡Casi nada!

Estamos hablando de una línea de más de 50 pedales de los que algunos están específicamente diseñados para bajo, y de los que hoy traemos cuatro a estas páginas para probarlos. Son pedales con carcasa metálica de gran resistencia que nada tiene que envidiar a las de las marcas más punteras, están hechos para durar y para trabajar con ellos sin demasiados miramientos. Todos son True Bypass, asegurando el respeto a la señal original cuando pasa por el pedal sin activar. Como toda ventaja suele tener su contrapartida, en tan reducido espacio no pueden contener una pila, por lo que la alimentación es únicamente mediante adaptador de corriente.

En definitiva, estos señores de Mooer no han hecho más que seguir la tendencia actual que el mercado demanda, empezando por los amplificadores, siguiendo por las pantallas y terminando por los pedales: que ocupen poco, que sean ligeros y que cuesten lo menos posible, y todo eso manteniendo un nivel de calidad que nos permita hacer música con buenos resultados. ¡Qué no está el mundo de la música para encima complicarnos la vida!

Sin más preámbulos, vamos a adentrarnos en cada uno de estos cuatro pequeños tesoros que recomendamos a todo el que quiera o necesite incorporar a su equipo las posibilidades que cada uno de ellos ofrece. Son una solución cómoda, sencilla, que no ocupa prácticamente espacio y que ofrecen buena calidad a precio muy asequible.

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Mooer Fog

Es un fuzz clásico con cuatro controles y grandes posibilidades para modular el efecto. En la parte superior, tenemos tres de ellos de tamaño pequeño: VOLUME, SQUEEZE y TONE; y en el centro del pedal hay un cuarto control, de tamaño notablemente superior denominado FUZZ. Este último, como su propio nombre indica, ajusta la ganancia del efecto, es decir, la cantidad de efecto que se aplica sobre la señal original. Veamos qué podemos hacer con los otros tres. VOLUME ajusta el volumen del sonido, TONE ajusta el colorido tonal del sonido y SQUEEZE ajusta la forma de onda de los impulsos, desde una forma de gran amplitud (posición izquierda extrema) hasta una forma muy estrecha (posición derecha extrema).

Es un pedal de distorsión fuerte, capaz de raspar y disparar ráfagas de ametralladora con el bajo, aunque en sus valores más bajos (con el control FUZZ al mínimo) también puede ofrecer utilidad en pasajes donde simplemente queramos alinear el bajo con la guitarra o guitarras de la banda para soportar riffs conjuntos desde el plano de las frecuencias más graves. Lo que nunca pierde, y eso es de suma importancia, es el suelo de bajas frecuencias que un bajo no puede abandonar. Casi me atrevería a decir que, independientemente del ajuste que hagamos, si mantenemos el control TONE en territorio adecuado, el sonido que sale del pedal se percibe al oído como si hubiese dos instrumentos, uno el bajo y otro una guitarra grave por encima que es la portadora del efecto de fuzz. Los bajistas más duros encontrarán en él un excelente aliado.

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Mooer Thunderball

Este es un pedal de fuzz y distorsión primo hermano del anterior, quizás el primo menos cañero de la familia. En muchos puntos los he encontrado demasiado similares, siendo la única diferencia digna de mención que en el Thunder Ball podemos empezar desde más abajo que en el Fog. Esto quiere decir que si buscamos un sonido de distorsión sutil, algo que emule a las válvulas de un cabezal forzándolas a pleno rendimiento, lo tenemos en este pedal y no en el anterior.

En primer lugar, llama la atención un interruptor de mano en un pedal. Porque en el extremo superior hay un interruptor de “perilla” para seleccionar los modos “Fuzz” y “Dist”. Supongo que es el mínimo precio que se puede pagar por tener un pedal de esta calidad y prestaciones en miniatura.

En el modo “Fuzz”, sinceramente es difícil encontrar nada que no se haya dicho en el pedal anterior. Desconozco la circuitería interior, pero apostaría a que es la misma. Sin embargo, es el modo “Dist” el que nos marca la diferencia. Y lo hace de forma realmente curiosa porque, según explica el fabricante, no se trata de un efecto diferente, sino del mismo efecto de fuzz combinado proporcionalmente con la señal sin efecto original del bajo, y por tanto el resultado es un fuzz rebajado o atenuado. Algo así echarle agua a un café fuerte o mezclar pintura blanca con pintura negra en vez de comprar directamente pintura gris. De todas formas, probando a fondo el pedal he llegado a la conclusión de que es una gran idea, porque esto nos permite ensuciar el sonido en la medida que queramos sin perder ni un ápice de claridad ni de definición.

Mediante el control VOLUME regulamos el nivel del efecto cuando estamos en el modo “Fuzz” para igualar, subir o bajar el volumen que emite el pedal activado con respecto al pedal sin activar (señal original en bypass). En el modo “Dist” no tiene función. Y el control TONE no es otra cosa que un simple control de tono de recorrido básico.

Buen pedal, más tranquilo que el Fog, pero por ello también llega menos lejos. En el Thunder Ball encontrarás desde saturaciones valvuleras hasta distorsiones realmente fuertes, casi inservibles en sus posiciones más exageradas. Y si lo que necesitas es un recorrido desde distorsión hasta rugido, entonces el Fog es más adecuado.

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Mooer Sweeper

El Sweeper es un filtro de envolvente dinámico diseñado pensando en el tono de los bajos funky. Vuelve a llamarnos la atención el interruptor de “perilla” para seleccionar las opciones “Clean” y “Fuzz”. El modo “Clean” (limpio) se trata de un efecto de filtro de envolvente de excelente dinámica con un sonido de timbres vocales. Y el modo “Fuzz” añade un tono de fuzz clásico, casi vintage, al sonido.

Con los minicontroles se ajusta el rango de frecuencias sobre las que actúa el pedal (RANGE) y la intensidad de la resonancia (RESO), y con el control central INTENSITY la sensibilidad del filtro. Gracias a todas estas posibilidades, este pedal me ha parecido el más interesante de los cuatro que analizamos en esta prueba por su versatilidad y por el amplio abanico de aplicaciones que tiene.

Si trabajamos en los ajustes más moderados de los controles y activamos el modo “Fuzz” en el interruptor de mano, nos encontraremos navegando por sonidos que evocan las grabaciones de música negra y funky de los 70 y los 80. Sirva de ejemplo para lo que estoy diciendo el tema “Chameleon” del álbum “Head Hunters” de Herbie Hancock.

Si optamos por el modo “Clean”, nos trasladamos a un mundo más nítido pero siempre con el filtro actuando a modo de voz, como si el bajo hablase repitiendo siempre una o dos consonantes imposibles de reproducir con las cuerdas vocales. Escuchando la canción “Lunar Sea” del disco “Moonmadness” de Camel entenderéis a qué me refiero.

Y también podemos situarnos en espectros sonoros más particulares, porque si abrimos de forma evidente el control INTENSITY, vamos a tener casi un efecto de “wah-wah”.

En definitiva, muchas posibilidades en esta pequeña cajita de metal y todas ellas muy, pero que muy utilizables y divertidas, cosa que no siempre pasa en los pedales de filtros de envolvente, que tienen tendencia innata al descontrol y a la dificultad para sacar un provecho razonable de ellos.

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Mooer Graphic

Este mini-pedal es un ecualizador gráfico de cinco bandas con un realce/recorte de +/- 18 dB por banda. Es el menos sorprendente de los cuatro pedales aquí analizados porque de antemano todos podemos imaginar perfectamente cuál es su cometido y su resultado, pero aun así es un pedalito muy destacable por varias razones.

En primer lugar porque incorpora un control de nivel general que puede resultar muy útil a la hora de controlar la salida de la señal, y que es una prestación que no suelen llevar otros ecualizadores gráficos de pedal.

En segundo lugar porque, como afirma el fabricante y seguro que es verdad, es el ecualizador gráfico más pequeño del mercado. Muchos lectores se preguntarán si realmente es útil un ecualizador de pedal cuando ya tenemos la propia ecualización del bajo y, mucho más potente, la ecualización del ampli o previo al que esté conectado el instrumento. Y la respuesta es que, como todo en la vida, es algo relativo, que a veces ayuda y a veces no.

Es importante tener en cuenta que aquí estamos ante una ecualización por bandas de frecuencias, donde se interviene sobre el sonido recortando o realzando una determinada franja del espectro. Es simplemente una ecualización con distintas posibilidades que la ecualización lineal. Es verdad que cinco no son muchas bandas, pero son las básicas para tratar el sonido de un bajo. Los cortes establecidos por Mooer en 62,5, 125, 500, 1000 y 4000 Hz son la equivalencia de graves, graves-medios, medios, medios-agudos y agudos.

La experiencia me ha demostrado que un ecualizador no es necesario cuando el bajo y el ampli suenan a tu gusto, ni tampoco lo es cuando el recinto donde tocamos no presenta ninguna descompensación acústica, pero también he comprobado en decenas de ocasiones como un pedal ecualizador gráfico es una herramienta fundamental en caso de querer corregir un sonido deficiente de un instrumento, una tendencia o coloración excesiva en el ampli o las pantallas, y sobre todo cuando llegamos a tocar a un sitio y de repente nos damos cuenta de que nuestro amplificador suena demasiado distinto a como nos tiene acostumbrados en el local de ensayo o en casa. Eso suele estar causado por las características acústicas del lugar y puede no ser de fácil corrección con la ecualización del propio bajo o amplificador. Es entonces cuando el ecualizador gráfico se convierte en una herramienta de gran ayuda para la corrección precisa.

También es recomendable para quien busque ajustar el sonido a las necesidades de la mezcla (por ejemplo, realzando las bandas de frecuencias donde no hay “competencia” de otros instrumentos), pretenda unos colores tonales que no suelen estar disponibles en ningún instrumento de forma natural (por ejemplo, el típico gráfico en V, propio de la alta fidelidad, donde se enmascaran los medios y se favorecen los agudos y los graves) o quiera configurar el sonido para determinadas técnicas interpretativas como el slap o el reggae.

Este mini-ecualizador es bueno, es sencillo y cumple a las mil maravillas esta función de corrección precisa sobre las frecuencias básicas.

Este ha sido el recorrido rápido por cada uno de los pedales. Poco más se puede decir escribiendo, así que os invito a que os paséis por una tienda especializada donde los tengan y los probéis tranquilamente. Veréis como alguno cae, me apuesto con vosotros la cena. Porque tienen las tres “B” (buenos, bonitos y baratos) y además son tan pequeños que se pueden esconder en un bolsillo sin que nadie los vea. ¿Hay alguien que no sepa lo que quiero decir? Pues tiene suerte, ja, ja, ja… ¡Hala, “capricho time”!

Jerry Barrios

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