Revista de Bajos

Julie Slick

En el equipaje de esta nómada del bajo no falta un estudio portátil en el que graba ideas para la banda Echostest y para sus discos en solitario en los que han colaborado, entre otros, Robert Fripp y Marco Minnemann. Nos recibe en su hotel de Barcelona antes del concierto del Power Trío en la Sala Bikini.

Esta pregunta es casi obligada. ¿Eres bajista de nacimiento o empezaste con otros instrumentos como el piano o la guitarra?

De pequeña estaba más interesada en química, dibujar, incluso en el deporte, por oposición a mi hermano que desde muy pequeño apuntaba maneras como músico y yo buscaba diferenciarme, ya sabes, cosas de hermanos. Pero mis padres, que eran un poco hippies, emplearon mucho tiempo en coleccionar instrumentos en lugar de tener niños (risas) por lo que siempre tuve acceso a guitarras, sintetizadores…. Solía encajar un pequeño micrófono entre la colección de vinilos (porque no tenía un soporte para colocarlo) y trastear con un pequeño sintetizador con el que hacía todo tipo de sonidos e incluso alguna canción de Keith Emerson. Pasé por diferentes colegios hasta que decidí que quería ser músico y comencé a tomar lecciones de guitarra con una acústica, pero al llegar a casa acababa conectando una Jazzmaster del ‘59 (cuyo estuche original pintarrajeamos mi hermano y yo siendo bebés) a un pequeño ampli, poniéndolo a todo volumen para hacer ruidos, experimentar con acoples al estilo Hendrix, etc. Aun así acabó siendo un instrumento que no me inspiraba mucho más allá de hacer acordes de quinta porque realmente pasaba un poco de estudiar lo que me imponían.

Un buen día decidí colgarme el único bajo que había en la casa, un Gibson Ripper Fretless de mi padre, y ahí fue cuando empecé a hacer algo de música. Para mí fue toda una revelación y a los 12 años ya empecé a tomar lecciones en una escuela de rock.

Antes de saber esto se veía a la legua que eres una bajista puramente de rock ¿Quiénes han sido tus mayores influencias?

De pequeña quedé prendada de Jack Bruce por un directo de Cream en el que aprendí que se podían hacer melodías además de tocar tónicas con el bajo. De hecho mi padre, que ya estaba muy entusiasmado con la idea de que hubiera elegido ese instrumento, lo primero que me enseñó a tocar fue “Politician” y “Sunshine Of Your Love”. Otro bajista que también me ha influenciado mucho ha sido Chris Squire.

Empezaste directamente con unos clásicos no precisamente sencillos…

La escuela de rock en la que estudié, la de Paul Green, nos hacía aprendernos ese tipo de canciones. Cuando ingresé yo era una niña muy tímida y aunque mis padres eran muy insistentes a la hora de buscarme clases de guitarra, me negaba y sólo quería que me enseñara mi padre, hasta que en el ’98 Paul organizó un concierto a beneficio de un amigo suyo (que luego sería mi profesor de bajo) que se iba a mudar desde San Francisco y para ello quería contar con sus mejores estudiantes. Lo malo fue descubrir que, a pesar de que todos ellos eran alumnos aventajados, juntos sonaban horriblemente mal y entonces fue cuando decidió dar un cambio a su sistema y centrarse en la interpretación en grupo. Al saber eso, mi madre me dijo por sorpresa que ese mismo lunes empezaría a tomar lecciones con Paul y no pude negarme, aunque le insistí para que acudiese conmigo porque, ya sabes, el resto de los alumnos eran bastante mayores (risas).

Recuerdo que una de las cintas que me dio Paul para aprender canciones tenía en la cara “A” temas de Frank Zappa y al dar la vuelta por la “B” comenzaba “Frame By Frame” de King Crimson. Al escuchar eso tuve que dejar todo lo que estaba haciendo y sólo podía concentrarme en la canción. Puedes imaginar mi cara cuando descubrí que ambos eran el mismo guitarrista. En ese momento me convertí instantáneamente en fan de Adrian. Llegué al punto de comprarme unos micrófonos simplemente porque una foto suya salía en la caja Shut up and take my money! (risas).

Con los años, la escuela se hizo muy famosa y actualmente tiene una delegación en casi cualquier ciudad del país. Como consecuencia de este crecimiento, captó la atención de diferentes artistas como Bellew y Jon Anderson, quienes empezaron a hacer conciertos con los alumnos a final de curso e incluso alguna que otra gira por las escuelas.

Tu hermano ha sido hasta hace poco el tercer miembro del Power Trío tanto en directo, como en estudio. Haberle tenido sobre el escenario te habrá facilitado la tarea.

Mi hermano siempre ha tenido madera para la percusión y dedicábamos la mayor parte del tiempo a tocar en lugar de jugar con videojuegos. Nuestro pasatiempo consistía en aprendernos temas de King Crimson o Frank Zappa y retarnos a tocar compases enfrentados y polirritmias imposibles. Todo un poco “Freaky”.

El haber recorrido el mundo acompañando a Adrian junto a él, ha sido como cerrar un ciclo porque fue con a mi hermano con quien tocaba las canciones de King Crimson por diversión y claro, luego está nuestra sincronía y entendimiento sobre el escenario. La verdad es que el hecho de que tuviera que abandonar el Power Trío por poder tocar con su banda favorita, Dr. Dog, fue difícil de aceptar

¡De hecho temía por mi puesto! Tuvimos que buscar una solución temporal y por suerte en ese momento estaba disponible Marco Minnemann, con quien ya había estado en contacto por e‐mail durante un tiempo para que grabase unas baterías en mi disco en solitario, aceptó y estuvo girando un tiempo con nosotros.

No fue para nada una mala solución temporal.

Para nada, aunque cuando ya dejó de estar disponible nos recomendó a Tobias que es quien lleva con nosotros 5 años, y ya verás cómo se defiende.

¿Hay mucho de ese espíritu “Freaky”, matemático, en los temas de Echotest o simplemente te pones a experimentar con los pedales a ver qué sale?

Soy más de sentarme con los instrumentos y buscar la inspiración sobre el terreno, ayudándome un poco de los pedales. Mi favorito para esto es el Eventide Pitchfactor, un armonizador bastante sofisticado con presets que incluyen delays, octavadores, chorus… mi algoritmo favorito es Quadrabox con el que puedes tocar una nota y obtener cuatro en armonía.

¡Pero eso es trampa!

Lo sé, lo sé, pero es adictivo y me ayuda a componer aunque he de confesar que actualmente intento usarlo menos. Mucha gente piensa que uso un looper, que también lo tengo, pero realmente lo que estoy usando es este pedal y el H9.

Con tu banda, Echotest, te vemos utilizar bastante lo que parece ser una guitarra barítono y con la que obtienes muchos sonidos distintos.

Fue justo en ese VHS de Cream que te comentaba cuando me fijé en el Fender VI tan psicodélico que llevaba Bruce. Lo que parecía una guitarra barítono era en realidad un bajo de seis cuerdas que Fender diseñó a finales de los 60 y que también utilizaron entre otros Paul McCartney. Cuando en 2011 visité la fábrica de Lakland en Chicago tuve un flechazo con una réplica que tenían en color “Surf Green”. Fue un momento muy gracioso, porque desde ese instante dejé de atender a todo lo que me iban diciendo sobre otros bajos y sólo podía pensar en ese que tenía delante de mí (risas).

Al final del día me lo llevé con algunas modificaciones, como la inclusión de una pastilla Midi, las pastillas P‐90 y controles para cambiar de programa en el módulo Roland VB‐99 con el que lanzo la mayoría de los sonidos que se pueden oír en las canciones de Echotest.

¿Qué más llevas?

Los dos Lakland, tanto el Decade VI como el Bob Glaub de tipo Precision Bass, tienen pastilla Midi y salida de cinco pines que van conectados al sintetizador.

Roland VB-99. El Roland es una pasada porque aparte de los bancos de instrumentos que tiene me permite bajar el pitch y todo tipo de locuras, es una pena que dejaran de fabricarlo. Lo que realmente me gustaría sería poder lanzar los sonidos con el ordenador, pero para eso aún tiene que avanzar la informática en temas de latencia. En ese momento todos los músicos de clásica nos odiarán (risas). Lo siguiente en la cadena es un comprensor que siempre tengo encendido, me encanta el compresor, éste que llevo es el Pigtronix Philosopher’s Bass Compressor que va al principio de la cadena, luego una distorsión Mantic, después los dos armonizadores Eventide y finalmente un Infinity Looper de Pigtronix conectado a un eco Gurus llamado Echosex 2. Éste último lo conseguí por el parecido del nombre con el de mi banda (risas).

Todo ello  va  a  mi  cabezal  Aguilar  Tone  Hammer  500,  de  muy  poco  tamaño (porque soy una nómada) pero con muchísima potencia y dos pantallas Aguilar SL112 de 12 pulgadas.

Junto al músico Marco Machera tienes el que es tu proyecto principal, Echotest ¿Qué nos cuentas de él?

Cuando conocí a Marco en el Three of a Perfect Camp tuve la sensación de haber encontrado a mi alma gemela musical porque nos complementábamos musicalmente desde el primer momento y empezamos a hacer música instantáneamente. Comenzamos siendo un dúo experimental pero pronto nos dimos cuenta de que si queríamos dar conciertos tendríamos que buscar un batería. Pregunté a Tobías, que ya había grabado baterías en algunos temas, si querría unirse al tour justo después del de Adrian pero lamentándolo mucho me dijo que por obligaciones familiares tenía que volver a Nueva York. No obstante, me habló de un alumno suyo que vivía en Roma que podía encajar con el proyecto. Al poco concertamos con Marco (Machera) vernos en un estudio, algo así como una cita a ciegas musical, y enseguida nos dimos cuenta de que era lo que necesitábamos, un batería muy al estilo de Pat Mastelotto con un tempo muy sólido y rebosante de musicalidad.

Luego comenzamos a incluir letras en las canciones pensando que harían nuestra música más accesible al público y las radios aunque, por supuesto, no faltan temas instrumentales de 7 minutos. Marco sí que canta, incluso el batería canta pero yo ni de broma.

Seguro que recuerdas como si fuera hoy la llamada que cambió tu vida.

Llegó un momento en el que intentaba mantenerme al margen de la escuela, de hecho había empezado a estudiar para ser ingeniera de grabación en estudio porque ni sabía leer música, ni quería entrar en un conservatorio (tenía 17 años cuando empecé y era un poco ingenua pensando que encontraría trabajo de eso) pero Paul me convenció para actuar con Adrian en un concierto formado por un “All Stars” de estudiantes en Nueva York, que está a 2 horas en coche desde Philadelphia. Cuando colgué el teléfono pregunté a mi padre si me llevaría y no dudó un segundo en coger las llaves del coche. Dos meses después estaba viendo una película (casualmente “The Proposition”) y el teléfono empezó a sonar insistentemente. Yo colgaba en plan “Maldita sea, estoy intentando ver una película.” pero recibía mensajes de Paul Green que me pedían que le llamase urgentemente. Finalmente tuve que pausar el DVD y la conversación fue algo como:

Hola Julie ¿Cómo estás de habilidosa con el bajo?

Mmmmm, bien ¿Por?

Adrian os ha citado en su estudio en Nashville dentro de un par de fines de semana a ti y a tu hermano para una audición y os ha comprado billetes de avión para tocar en Alemania en el festival Zappanale, creo que no deberíais dejarlo pasar.

Como consecuencia tuve que adelantar todos los exámenes y coger tres vuelos hacia Nashvile porque no había posibilidad de ir directamente desde Philadelphia, algo que como puedes imaginar nos dejó un poco agotados a pesar de tener 20 y 19 años respectivamente.

Cuando llegamos al aeropuerto estábamos muy nerviosos, sobre todo yo que había sido fan de Adrian la mitad de mi vida en ese punto. Salimos y ahí estaba él con un sombrero y un enorme Chrisler vintage, nos montamos y llegamos a su estudio donde había preparado un montón de comida… lo que no sabía es que mi hermano y yo éramos vegetarianos (risas). Pronto comenzamos a ensayar y todo fue genial, de hecho había reservado todo el fin de semana para ensayar y nos bastó con el primer día para repasarlo todo, y hasta hoy.

No deja de ser muy llamativo que Adrian Belew cuente con unos músicos tan jóvenes para su “Power Trío”.

Antes de que mi hermano y yo entráramos en el grupo, él ya tenía a sus músicos pero por algún motivo no se encontraba cómodo del todo y la cosa no llegaba a fluir como él quería. Según decía quería unos músicos que no estuviesen tan preocupados por el negocio y que básicamente tuvieran ilusión en tocar y darlo todo en cada concierto. Podría haber sido un experimento fallido, pero salió muy bien, durante los directos no para de saltar, sonreír y transmitir como si fuese el primer día. La creatividad le mantiene joven.

Es realmente admirable que haya re-inventado su carrera como artista en solitario y no como el “músico de”.

De todos estos años ¿Qué momento destacarías dentro de alguna de las giras?

Sin duda el de un festival en Los Ángeles allá por 2008 cuando coincidimos con el California Guitar Trio, formación de la que eran parte Tony Levin y Pat Mastelotto. Habíamos hablado de invitarnos unos a otros en nuestros respectivos conciertos para tocar temas de King Crimson, con las dos baterías al estilo de lo que luego sería “The Crimson Projekct”. La cuestión era que durante esos días coincidimos también con Les Claypool en el hall del hotel porque Primus actuaban en el escenario principal y Adrian también le invitó a tocar “Thela Hun Ginjeet” durante nuestra actuación. Así pues, de repente me vi delante de 15.000 personas tocando con Tony y Claypool a mi derecha, Mastelotto detrás (Tocando muy, muy fuerte) y a mi izquierda a Adrian y a mi hermano. Para rematar, había pocos monitores y como ni Tony, ni Claypool oían bien al resto de la banda yo tenía que indicarles todo el rato dónde estaba el uno de cada compás.

Después de eso comenzamos una gira de 25 conciertos con el Crimson Projekct, algo increíble.

En estos momentos siento muchos celos de ti. ¿Estás segura de seguir viva y de que no estás en una especie de cielo bajístico?

(Jajaja) Pues no lo sé, pero la verdad es que sí que me lo planteo.

Nelo Escortell

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