Revista de Bajos

Ibanez BTB 33

Nada más ni nada menos que 64 años han pasado desde que Leo Fender alumbró el considerado por todo el mundo como “primer bajo eléctrico” de la historia, o al menos el primero comercialmente viable. Muchas cosas le han pasado a este bendito instrumento desde entonces hasta nuestros días, pero fundamentalmente podríamos definir este recorrido histórico con una sola y única palabra: evolución.

Curiosamente, aunque han sido muchos los escalones evolutivos que el bajo eléctrico como instrumento ha ido subiendo a lo largo de más de medio siglo, hay cuatro puntos de referencia que yo veo como los cuatro momentos más significativos, además de su nacimiento: el advenimiento de los bajos activos, la aparición de los constructores de bajos de boutique (y de la mano de ellos la construcción “neck-thru” de mástil a través de cuerpo), la extensión a las configuraciones de 5 y 6 cuerdas, y por último la fabricación masiva de bajos “low cost” con una calidad impensable hace tan solo una década.

Más de una vez he llegado a pensar que todo lo que podíamos esperar ya del mundo del bajo en el futuro serían solo variaciones sobre el mismo tema. Y más aún cuando en los últimos años estamos viviendo un regreso a los orígenes, volviendo la mirada hacia lo esencial, hacia los eternos Precision y Jazz Bass, tanto de Fender como de otras marcas que diseñan y construyen modelos inspirados en aquellos. Es incuestionable que ya no vivimos esa fiebre que recorrió el mundo del bajo desde finales de los 80 y toda la década de los 90 por los instrumentos de boutique que fabricaban prácticamente a mano luthieres americanos e ingleses principalmente. ¿El motivo? Pues seguramente no sea una razón única, y entre ellas esté que ya no son novedad o que es difícil encontrarlos y probarlos antes de tomar la decisión de compra, pero sin duda hay una que pesa mucho más que el resto: el altísimo precio de estos instrumentos.

Pero resulta que no, que yo estaba equivocado y de repente nos encontramos que la marca más dinámica en construcción de bajos de los últimos tiempos nos desmonta toda la teoría. Y esa marca se llama Ibanez.

Como todos sabréis, Ibanez no es precisamente una marca nueva, sino que ya convulsionó el mercado allá por los años 70 haciendo unas imitaciones de los bajos clásicos de Fender y Gibson que, en muchos casos, superaban en calidad y sonido a los originales. Aquello les costó una demanda de las marcas americanas y se vieron obligados a cambiar el sesgo, pasando una larga temporada de cierta desorientación y pérdida de identidad. Pero tras esa travesía del desierto, que no fue corta, tomaron un impresionante impulso a base de aciertos y de desmarcarse de los diseños tradicionales, y ocupan ya desde hace tiempo el segundo lugar en ventas de bajos a nivel mundial.

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Un concepto nuevo que nace de unir conceptos

Hoy traemos a estas páginas una de las sorpresas recientes más agradables en cuestión de instrumentos: el Ibanez BTB33. Unas líneas más arriba, citábamos cuatro puntos de inflexión decisivos en la historia del bajo después de su “invención”: electrónica activa, salto a las 5 y 6 cuerdas, instrumentos de boutique y fabricación “low cost”.

¿Y si de repente una marca diseñase un instrumento que fuese reflejo de todas estas bondades al mismo tiempo? Una utopía, pensaréis… Pues no es eso lo que debieron creer los cerebros pensantes de la marca japonesa cuando se plantearon el bajo objeto de esta prueba. Vamos a adentrarnos en él y… ¡veréis qué descubrimiento! ¿Electrónica activa? Sí, y de la buena. ¿5 cuerdas? Sí, y en una configuración poco habitual y que resulta muy atractiva para muchos bajistas. ¿Construcción de boutique? Poco que envidiar a muchos bajos hechos a mano, con algunas de las complicaciones más sofisticadas. ¿”Low cost”? Juzga tú mismo: con todo lo que ya hemos dicho y no supera los 900 euros en las tiendas.

Una construcción de lujo

Para empezar casi vamos a hacerlo por el final, por la conclusión más contundente: este es un bajo para quien quiere tocar con técnicas de acordes, arpegios y solistas. Para eso está construido con dos características que constituyen el ADN que define su personalidad: es un bajo de escala corta (33 pulgadas) y la configuración de sus 5 cuerdas no es la habitual de 5ª cuerda en Si grave (1ª en Sol y 5ª en Si), sino que incorpora una 1ª cuerda en Do agudo (1ª en Do y 5ª en Mi).

Conozco a más de uno y dos bajistas que para poder tocar con esta configuración han tenido que comprarse un cinco cuerdas “estándar” y cambiarle las cuerdas y la cejuela (esto último suele ser inevitable). Y esto no siempre resulta, porque un instrumento está diseñado para lo que está diseñado y a veces las pastillas no recogen bien las frecuencias de cuerdas que ya no están en la posición original, el puente no permite la octavación correcta, el mástil se revira ante el cambio de tensión para el que fue concebido, etc.

Pues ahora eso ya no es necesario, porque el BTB33 ya nace bajo esa concepción. Esta configuración de afinación, la escala corta y una anchura algo menos generosa de lo que suele ser frecuente en los cinco cuerdas, dan lugar a un instrumento donde resulta muy cómodo y fácil posicionar la mano para poner acordes, desarrollar arpegios o solear recorriendo el mástil en toda su extensión. Es más, no es que resulte sencillo, es que es una delicia, porque el mástil es muy delgado y porque el acceso a los trastes inferiores es de lujo. A esto último contribuye el mástil a través del cuerpo (neck-through), ya que permite que la unión del mástil con el cuerpo se produzca muy abajo, y la excelente curva de apertura que tienen los dos cuernos, sobre todo el inferior.

Alguno se preguntará si todas estas características no conllevan una pérdida de intensidad y grandeza en el sonido. Sabido es que los bajos de escala corta tienen menos extensión para que las cuerdas vibren y, por tanto, menos densidad en el timbre del instrumento. Además, la renuncia al Si grave a favor del Do agudo tampoco refuerza el registro de graves precisamente. La respuesta ya está dada algunos párrafos antes: efectivamente no estamos ante un bajo demoledor, ni ante una máquina de generar graves, ni se pretende. Este instrumento es un bajo concebido como instrumento delicado y elegante, que por supuesto puede sostener la base de una banda cumpliendo un papel excelente, pero su destino es hacerlo con matices solistas y armónicos imposibles de conseguir en un bajo tradicional. Es un bajo para entrar y salir de la base, para pasar del plano de acompañamiento al plano principal, para transitar de tonos graves a tonos agudos con soltura y uniformidad.

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Además, cuando antes hacíamos referencia a complicaciones constructivas que lo equiparan con los bajos de boutique de luthier, nos referíamos a la construcción de mástil a través del cuerpo (que no es sencilla ni barata) y, sobre todo, a las 5 láminas de madera (arce y bubinga) que componen el mástil, en lugar de ser todo de una sola pieza. La construcción neck-thru incrementa el sustain de las notas porque la transmisión de las vibraciones entre el mástil y el cuerpo es inmediata y máxima, y el sustain es fundamental en un bajo en el que vamos a interpretar pasajes solistas. Y que el mástil esté compuesto de láminas encoladas en lugar de ser de una pieza única implica más estabilidad y mayor resistencia a deformaciones o desviaciones con motivo de cambios de temperatura, de humedad, etc.

El BTB33 tiene cuerpo de caoba con tapa de fresno, 24 trastes y diapasón de palosanto. Tanto la caoba como el palosanto son maderas que aportan calidez al sonido. Sorprende también en un bajo de este precio el puente monorraíl, normalmente reservado a bajos de muy alta gama, por su mayor coste de fabricación y de instalación que uno normal. Las ventajas de estos puentes son claramente dos: se elimina la contaminación armónica de una cuerda a otra por las vibraciones del puente, y por lo tanto se gana en claridad y limpieza tonal, y permiten un ajuste de altura y octavación mucho más preciso que un puente de bloque.

No puedo dejar de repetir con perplejidad que he tenido en mis manos unos cuantos bajos de más de 3.000 euros cuya construcción no era superior a la de este Ibanez. No me preguntéis cómo lo hacen, porque no lo sé, pero ahí están y son una realidad palpable. Si algún día lo descubro, no os extrañéis si veis bajos de alta gama en el mercado con mi nombre… Y no es este el único modelo de Ibanez que tiene precio de bajo medio o medio-bajo y construcción de primer nivel.

Otro detalle constructivo sofisticado es la rampa de madera que hay entre las dos pastillas, que evitan que los dedos pulsen las cuerdas demasiado abajo. Y os preguntaréis: ¿y qué pasa por pulsar las cuerdas más abajo en vez de más arriba? Pues simplemente eso dificulta la velocidad aerodinámica y disminuye la rapidez de ejecución. Gracias a esta rampa se establece una barrera física que no lo permite y de este modo ganaremos velocidad sin esfuerzo. Otra aportación que se agradece bastante a la hora de afrontar labores solistas. De todas formas, y como a nadie le suele gustar que le impongan las cosas, la rampa es ajustable en altura y, si lo prefieres, también se puede quitar.

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Una construcción poderosa

Vamos ahora con el corazón electrónico del BTB33. Aquí tengo que decir que ya no caben tantas sorpresas como en el capítulo constructivo, pero sí que es de tan buena calidad que no desmerece en absoluto a la impecable construcción y terminación del instrumento. Hacen una pareja formidable.

El previo es de diseño y fabricación propia de la marca y cuenta con todas las características que son esperables en un instrumento con aspiraciones complejas como es este: 3 bandas (agudos, medios y graves) con controles de realce/recorte, volumen, balance y un selector de tres posiciones que nos permite fijar la banda de frecuencia en la que va a actuar el realce/recorte de medios, pudiendo elegir cortes en medios-graves, medios y medios- agudos. Por falta de opciones para dar forma al sonido que no quede.

Las pastillas son Bartolini, la marca de pastillas de alta gama más vendida en el mundo y la que más bajos de nivel incorporan. Son el modelo BH1, pasivas y especialmente diseñadas y configuradas para la serie BTB de Ibanez. En este caso, y según especifica Ibanez en su hoja de producto, con unas características sonoras y de bobinado “ad hoc” para este modelo. Son ambas idénticas, de doble bobina y con una superficie magnética de mayor longitud para ampliar la captación, equilibrar perfectamente el nivel de unas cuerdas a otras y reaccionar con total precisión a la vibración de las mismas.

Por último, el jack de salida para la conexión del cable de instrumento también es de los que acostumbramos a ver en los bajos de postín, un Neutrik con bloqueo de seguridad que evita la desconexión accidental o los ruidos producidos por la holgura o baile del jack del cable. Suma y sigue con los lujos.

La comodidad y el sonido

Después de radiografiar fachada y tripas, solo nos queda saber cómo se deja tocar esta joyita. ¡Qué difícil es que salga un mal guiso si los ingredientes son buenos y los cocineros saben lo que hacen! Y eso es lo que pasa con el BTB33. Hemos descrito unas características casi aristocráticas y más que coherentes con lo que se pretende del instrumento; hemos comprobado cómo la calidad de los materiales es superior; y también hemos visto que los acabados son excelentes… Con tan buenos mimbres la cesta no puede salir de otra manera que magnífica. Pastillas y previo de gran calidad.

En cuanto empezamos a tocar con él pudimos comprobar que es muy cómodo, la acción de las cuerdas casi pegada el diapasón (vital para arpegios, acordes y solos) y nulo balanceo, tanto colgado con correa como sentado y el bajo sobre las rodillas. El mástil es fino y estrecho y la mano circula por él como pez en el agua. Le pongo un 9,5 en confort y ergonomía (no le pongo un 10 porque no me imagino mi vida si no es siempre en busca de ese bajo ideal que nunca encontraré).

Nada más enchufarlo con toda la ecualización plana, allí estaban sus señas de identidad: claridad, calidad y un timbre precioso, no exento de cuerpo y redondez en los registros graves y casi dulce en los más agudos. Justo lo que viene bien para ser base y para ser solista respectivamente. Las pastillas devuelven una señal muy alta y desprenden el sonido con energía y el previo nos da un margen amplísimo para encontrar resonancia en los graves, pegada en los medios y articulación en los agudos. El selector de frecuencia de medios es una estupenda herramienta para inclinar el sonido global hacia la ladera de los graves o de los agudos de forma sutil.

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Conclusiones

No conozco en el mercado un bajo que se pueda comparar a este. Para muchos quizás no tenga demasiado sentido, pero para otros muchos puede que se convierta en el instrumento perfecto para expresarse como músicos, para adentrarse en los campos del virtuosismo, para explorar terrenos musicales que van más allá del concepto básico de nuestro instrumento. Para eso es una pasada, y un milagro si atendemos a lo que cuesta comprarlo.

Jazz, flamenco, fusión, músicas étnicas, folk, en fin, hay múltiples estilos musicales donde las técnicas armónicas e interpretativas más complejas son muy bien recibidas, y para ello este bajo es una soberbia pareja de baile. Sustain, riqueza, cuerpo y claridad son cualidades que definen con bastante fidelidad lo que se puede esperar de él. Y además, el atractivo crece una enormidad cuando se ve que no hace falta empeñarse para comprarlo. No llega a 900 euretes… Una bocanada de aire diferente en el mercado que agradecemos a Ibanez y que va a suponer muchas horas de disfrute a quien lo adquiera y se pasee por su paleta de sonidos, tan clásica y diferente a la vez.

Jerry Barrios

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