Revista de Bajos

Fender American Standard Jaguar Bass

Que Fender es la marca de bajos más extendida en el mundo, con la que empezó todo y la que más líneas de bajo ha aportado a la historia de la música es algo fuera de toda discusión. Y que sus dos bajos más populares son el Precision y el Jazz Bass, también es incuestionable. Pero que Fender ha intentado a lo largo de su dilatada historia introducir en el mercado otros diseños y otros conceptos de este instrumento llamado “bajo eléctrico”, es igualmente un hecho.

Habitualmente, la marca californiana encuentra muchas reticencias entre los bajistas en cuanto trata de salirse de los dos modelos clásicos citados, de los cuales hay muchas variantes que son, en definitiva, eso, simples variantes de un concepto esencial. Pero lo intenta, lleva décadas intentándolo, y a veces con suerte bastante dispar. Veamos qué pasa con el modelo que hoy traemos a estas páginas, el American Standard Jaguar Bass. Nosotros lo vamos a analizar a fondo, pero solo el tiempo nos dirá si el beneplácito del mercado lo mantiene vivo o si se convertirá en un modelo efímero.

De entrada hay que decir que este modelo es nuevo y no lo es al mismo tiempo. Me explico: hace algunos años ya se lanzó al mercado un Jaguar Bass hecho en Japón y de precio relativamente asequible, pero ahora es como si estuviesemos ante un ascenso de categoría, y todo indica que es por méritos propios. En otras palabras, el modelo japonés en cuestión debió reportar unas ventas a la marca que han justificado la subida de categoría al segmento “American Standard”, hasta ahora reservado exclusivamente a Precision y Jazz Bass. Y eso es un indicio muy evidente de que la apuesta de Fender por este modelo es muy decidida. Pero… ¿se lo merece? ¿Tiene categoría como para ser un American Standard? Eso es lo que vamos a juzgar a continuación

¿Un Fender nuevo o un Fender complicado?

Por supuesto, que nadie espere encontrar en el Jaguar demasiados reflejos de los dos bajos estrella de Fender. Tendría poca lógica y ningún sentido comercial. Sin embargo, y curiosamente, aunque estamos ante un bajo de talante, diseño y configuración muy diferentes a los rasgos que definen el clasicismo de la marca, hay algo en él que nos dice: “ojo, que yo también soy Fender… ¡y lo sabes!” Y no solo es la forma de la pala, sino que hay varios guiños que delatan los rasgos de familia: la configuración híbrida de pastillas P/J, la combinación sunburst/golpeador de tortuga, los botones de los controles giratorios, los bloques que marcan los trastes en el diapasón, la forma de la mitad del cuerpo hacia abajo (hacia el puente), en fin, que no es un Fender clásico pero es de la familia con todo derecho. Y esto, para muchos, significa un aval.

Quienes sean de ese tipo de bajistas que gustan de experimentar, de intentar siempre encontrar nuevas posibilidades, nuevos sonidos y nuevas estéticas, este bajo hará que algo se les mueva por dentro. Sin embargo, para los más tradicionalistas, más amantes de lo que ha funcionado toda la vida y de la sencillez de un Precision o de la semisencillez de un Jazz Bass, el diseño agresivo del Jaguar con sus cuernos puntiagudo/recortado y su cuerpo lleno de controles y botones arriba y abajo puede llevarles a pensar que “esto ha ido demasiado lejos”. Cuetión de gustos y de visiones.

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Calidad de construcción

Como todo lo dicho anteriomente pertenece al plano de la subjetividad, ahora vamos a entrar en el terreno de lo obvio. Estamos hablando de la calidad de construcción. Es de sobra conocido que en los últimos años el control de calidad de Fender, cuestionado en otras épocas, ha subido muchos peldaños. En concreto, la serie American Standard mantiene unos niveles de calidad muy serios: maderas claramente escogidas (solo hay que ver su excelente resonancia y su bajo peso); mejoras de calado en hardware, puente sobre todo; acabados pulcros, estéticamente magníficos y con incidencia a la hora de tocar, por ejemplo en el exquisito acabado del mástil con uretano satinado; o estabilidad del instrumento ante los cambios climáticos. Y el Jaguar Bass cumple todos estos criterios, siendo un American Standard de pies a cabeza.

Cuerpo de aliso (sinónimo de tono cálido y redondo), puente High Mass Vintage (encordable a través de cuerpo o a través de puente) que le confiere mayor capacidad de sustain, clavijas de afinación de peso mínimo, diapasón de palorosa de grano abierto (otro sinónimo de calidez y redondez en el sonido), refuerzos de grafito a lo largo del interior de su mástil de arce, cejilla de auténtico hueso y un precioso acabado en sunburst son los rasgos constructivos que definen la identidad de este bajo. Todo respira calidad por los cuatro costados.

El mástil tiene un perfil que Fender denomina “en C moderno”, que trasladado al lenguaje común significa que se trata del actual mástil de tipo Jazz Bass, algo que seguro agradecerán los que no se encuentren cómodos con mástiles más anchos tipo Precision. Puestos a tocar, enseguida pudimos comprobar que el acceso a los últimos trastes es facilísmo gracias a la práctica ausencia de cuerno inferior en el cuerpo.

Es un instrumento que pesa poco y que resulta muy manejable en cuanto a su condición física. Se toca con gran comodidad, el mástil se recorre con rapidez, la mano no sufre para abarcar el diapasón y no balancea ni colgado ni sobre las piernas. Pero esta rotunda sencillez que se percibe al cogerlo entre las manos y colgárnoslo se convierte en densidad de manejo cuando empezamos a hacerlo sonar.

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Electrónica para aventureros

A simple vista uno puede pensar que lo que se va a encontrar le es familiar: una combinación de pastillas P/J. Ahora bien, eso no es más que el principio, porque en cuanto nos metemos en harina la cosa se complica. Y más aún para tratarse de un Fender.

Parece que últimamente esa combinación de pastilla Precision en la posición de mástil y de Jazz en la posición de puente está de moda. No le falta coherencia al planteamiento, ya que es una forma equilibrada de tener lo mejor (o casi) de ambos mundos. Fender no ha escatimado en calidad aquí, parte fundamental del sonido del bajo incluso más que las maderas según mi criterio, y ha dotado al insrumento de una pastilla Precision American Vintage ’63 Split Single Coil y otra Single Coil Jazz Bass cerámica diseñada para la ocasión, que tiene una respuesta alta y un magnífico sonido. Ambas forman un tándem de verdadero lujo sonoro.

Y la aventura se inicia cuando nos vamos hacia los controles. Para empezar, no habíamos dicho hasta ahora que el Jaguar es un bajo activo, y lo habíamos silenciado a propósito. Porque aunque es verdad que tiene electrónica activa, no tuvimos en ningún momento la impresión de que fuese un bajo activo con posibilidad de utilizarlo en pasivo en caso de emergencia como suele ocurrir con los instrumentos activos. Más bien al contrario: mi percepción siempre fue la de estar tocando un bajo pasivo, concebido fundamentalmente como tal, que puede ponserse en activo si se quiere. Desde luego no hay nada más difícil que intentar expresar precepciones de este tipo con palabras, pero seguro que me estáis entendiendo. Si yo toco algún día de forma regular con un Jaguar, lo haré en pasivo y utilizaré el previo para momentos o formaciones determinadas. Para mí es un bajo pasivo con guinda dulce. Quizás sea una forma muy personal de ver el instrumento, y por supuesto, el previo activo está ahí con todo su potencial para que quien desee usarlo como un instrumento activo permanentemente pueda hacerlo. ¡Faltaría más!

Los tres interruptores de la placa situada en el cuerno inferior activan o desactivan una y otra pastilla y alternan la configuración de las mismas entre serie y paralelo. Ya sabéis, sonido más contenido, redondo y limpio en serie, sonido más agresivo, exhuberante y casi con empuje de “drive” en paralelo. En la placa del cuerno superior, dos ruedas que controlan los graves y agudos del previo activo más el interruptor que habilita o deshabilita el previo y pone el bajo en activo o pasivo. Y por último, los dos controles giratorios colocados “donde siempre” que controlan volumen y tono pasivo (este último solo está operativo con el bajo en pasivo).

Si eres un usuario habitual de los Fender clásicos, te espera un inevitable periodo de experimentación para conocer las posibilidades del instrumento. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente “es”. Al principio es normal que te líes un poco, tantas posibilidades pueden complicarte la vida para encontrar los sonidos, pero cuando las posibilidades están ahí es solo cuestión de tiempo sacarles partido. Y en el Jaguar son muchas y muy varidadas.

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A mi modo de ver, esta manera de presentar las opciones puede resultar un tanto liosa al principio, interuptores arriba y abajo, tonos arriba y abajo, ruedas que hay que girar con el pulgar… pero es probablemente el precio que hay que pagar por tener un instrumento con enorme personalidad propia, tanto en el plano estético como en lo que a sonido respecta.

He estado mucho tiempo de “excursión” por los controles del bajo, comprobando las inacabables combinaciones, recreándome en sonidos extremos, también buscando acercarme a los sonidos clásicos Fender, con dedos, con púa, haciendo slap… y todo se encuentra en el Jaguar. Sí me gustaría comentar un par de cosas que hubiese preferido de otra manera: que la activación de pastillas no se limite a “sí” o “no” (hubiese preferido un control de balance que me permitise porcentajes de mezcla en vez 2 interruptores que solo ofrecen “todo o nada”), y que las ruedas de control de ecualización del previo no tengan ni una indicación de por dónde se andan, ya que eso dificulta el ajuste y conocer su posición en cada momento y el recorrido de realce o recorte que tienen. Bueno, es una decisión de Fender y quizás en una futura versión…

¿Cómo suena?

¿Qué cómo suena? Básicamente como un cañón. Ya he adelantado que la paleta sonora que ofrece es inmensa y de gran atractivo para los inconformistas, los buscadores de sonidos y aquellos que quieren que su instrumento tenga una personalidad acusada. Y para los “sencillos” también hay reparto, porque si eres de Precision, enchufa el bajo en pasivo, deja solo la pastilla de mástil y ahí lo tienes. Y si eres de Jazz Bass, abre también la pastilla de puente y te añadirá esa típica nasalidad. Y aún quedará todo el sistema activo por si algún día necesitas o te apetece ser de otra cosa. Sin salir de pasivo, puedes configurar las pastillas en paralelo y el sonido ya no es ni uno ni otro, sino que adquiere un tono de mayor rugido, más pegada y más densidad de medios, perfecto para aplicaciones de rock más agresivas donde sea necesario hacerse sitio en la mezla un poco a patadas.

Y si activamos el previo de 18 V (dos pilas de 9 V) entonces empieza la fiesta. Primeramente, decir que no es habitual que un previo necesite 18 voltios de alimentación a menos que sea de muy alta respuesta, así que ya podéis haceros una idea de lo que pasa cuando le metes caña al bajo en activo: los tonos se disparan, el volumen crece, el bajo empuja por todos los sitios y puede incluso llevarnos a un cierto grado de descontrol si no llevamos cuidado. Si nos entusiasmamos, podemos pisar terrenos donde la exageración electrónica convierta el sonido es excesivamente artificial.

Por todo lo anterior, antes decía que para mí es un bajo pasivo que dispone del recurso del previo como una alternativa de configuración más, entre otras muchas. Incluso os diré que con el previo activo habilitado pero ajustado con mucha sutileza, nunca dejé de tener la sensación de estar tocando con un bajo pasivo… un poco vitaminado: sonidos graves y claros si hay que sostener una base potente, agudos decididos y con cuerpo para solear o pasajes destacados, o medios prominentes para atacar con púa.

La última palabra

Pues la última palabra la va a tener el mercado, los bajistas que haremos perdurar o liquidar este nuevo modelo de Fender. A mí me ha gustado, en general, bastante. Es una bocanada de renovación en una marca cuyo triunfo se ha basado durante muchísimos años en el inmovilismo, quizás demasiados, y es de agredecer que pongan todo de su parte para seguir escribiendo páginas nuevas de la siempre apasionante historia del bajo.

El Jaguar es un bajo serio de verdad, con mucho fundamento y con nuevas cosas que ofrecer también, donde la calidad es protagonista y donde pueden encontrar su sitio los más partidarios de lo clásico y los más descubridores e inquietos. Creo que se merece la oportunidad de sobrevivir, y así tener una opción más donde elegir dentro del catálogo de la marca con más ventas del mundo.

Jerry Barrios

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