Revista de Bajos

Elrick e-volution 5 Gold Series

Sin duda ninguna los luthieres de bajos eléctricos más prestigiosos suelen ser y han sido históricamente norteamericanos. Léase Roger Sadowsky, Vinnie Fodera, Michael Tobias, Stuart Spector, Ken Smith, Michael Pedulla o Joe Zon y algunos otros nombres menos conocidos, pero no por ello menos ilustres, parapetados detrás de marcas como Alembic o Rickenbacker, además de mencionar al padre de todos los luthieres e inventor del instrumento que se llamaba Leo Fender, ¿te suena de algo?

Todos los anteriormente mencionados están encuadrados en la generación dorada que comenzó su andadura de éxito más tarde o más pronto en la década de los 80 y que ahora son ya nombres absolutamente consolidados, en algunos casos más cerca de la jubilación que otra cosa. Pero el testigo de su legado lo han recogido algunos luthieres tan buenos o mejores que ellos, algo más jóvenes y por ello con menos trayectoria, aunque mucho más preparados y con todo el bagaje de los pioneros ya aprendido.

Ese es el caso de Rob Elrick, afincado en Chicago y construyendo instrumentos desde 1993 para los mejores bajistas de U.S.A. (entre ellos Marcus Miller, para quien Elrick construyó un par de fretless por encargo directo).

Los bajos Elrick son, para ser claros y directos, una maravilla que nada tienen que envidiar a los de las marcas más famosas, pero a un precio bastante más asequible. Así que sin más preámbulo, vamos a adentrarnos en el 5 cuerdas atornillado que amablemente nos ha cedido Todobajos para poder realizar la prueba y escribir este artículo.

Si nunca has tenido un bajo Elrick en tus manos, cuando tengas la oportunidad de hacerlo verás que cogerlo es ya una primera experiencia que nunca olvidarás. Normalmente sacar un bajo de su estuche no es nada demasiado llamativo, simplemente es un acto necesario y previo a empezar a tocarlo, sin más. Pero en el caso de los Elrick ya constituye una sorpresa en sí mismo, porque no hemos conocido jamás bajos más ligeros que los que fabrica este luthier de Chicago. Y hablamos en plural ya que no es la primera vez que tocamos o probamos uno, por lo que podemos constatar que esta es una característica común a todos los Elrick.

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Y este 5 cuerdas no es la excepción. “¡Qué poco pesa!” es la exclamación inevitable en el contacto inicial. Siempre nos hemos preguntado cómo lo consigue, e incluso se lo preguntamos personalmente a él en el Todobajos Bass Day del año 2009 en el que estuvo presente con un stand, y la respuesta fue “es cuestión de elegir la madera”. No parece que haya ningún otro misterio (como por ejemplo las cámaras huecas internas que tienen los Sadowsky fabricados en New York), así que nos quitamos el sombrero ante la colección de maderas que al parecer tiene este señor en su taller.

Otra gran impresión inicial la marcan la forma del diseño y la belleza de la tapa frontal que se superpone al fresno ligero del cuerpo. La mencionada tapa es de madera de mirto anudada (“burled myrtle” que se dice en inglés) y confiere al bajo una estética exclusiva y propia de los grandísimos y especialísimos instrumentos.

Veamos, ahora que ya lo hemos valorado con los ojos y lo tenemos entre las manos, cómo está construido.

Construcción

Como suele suceder con los instrumentos musicales construidos íntegramente a mano (Rob Elrick no utiliza máquinas de corte computerizadas CNN, además de trabajar él solo en su taller con sus manos y sus herramientas “analógicas”), lo primero que se aprecia es una exquisita atención al detalle imposible de encontrar normalmente en los bajos de producción industrial, por muy de alta gama que sean.

La forma del cuerpo que nos llamaba la atención por su especial y elegante estética ahora nos permite comprobar que no es un capricho gratuito para la vista sino que responde a un diseño completamente ergonómico muy estudiado. El acceso a los últimos trastes a través de su “cutaway” inferior es perfecto y la accesibilidad total. Todas las curvas existen para que exista la adaptación al cuerpo y la máxima comodidad, lo cual sumado al poco peso del que ya hemos hablado, hacen que tocar este bajo sea “como ir en chanclas”.

La carta de maderas es impresionante: cuerpo de fresno ultraligero, tapa de mirto anudado sobre cuerpo y pala del mástil haciendo juego, mástil de arce duro y diapasón de palosanto de la India. Esta selección de maderas no es tan sólo una cuestión estética, que se disfruta y mucho, sino también tiene una incidencia muy concreta en el sonido, como veremos más adelante.

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La unión del mástil al cuerpo es atornillada con cinco tornillos de cabeza hexagonal y proporciona una firmeza máxima en la sujeción, permitiendo transmitir sin fugas ni pérdidas de ningún tipo las vibraciones del mástil al cuerpo en todo su rango.

La longitud del mástil de 35” no supone (al menos para mí) ningún obstáculo que haga incomodo tocar en él pero vaya si se refleja en la tensión y definición de la 5ª cuerda, una de las mejores que se pueden encontrar. La precisión de esto que comentamos tiene su máximo exponente en la afinación y octavación exacta que se consigue a lo largo de toda la cuerda.

El acabado de la madera es natural, sin lacas ni barnices, lo que también se refleja en la personalidad del sonido de este instrumento.

Hardware Hipshot ultraligero (¡no podía ser de otra forma!) en color negro mate, tapa de acceso a la electrónica en el reverso del cuerpo cortada en la misma madera del instrumento y 24 trastes “medium” impecablemente engarzados sobre el diapasón completan la descripción de las piezas constructivas.

Solamente falta hacer referencia a los potes de plástico negro que, en primera instancia, dan la sensación de desmerecer un poco al lado de todos los demás elementos exquisitos. Si fuesen de metal redondearían la prestancia del acabado, pero Elrick opta por el plástico para mantener el peso en mínimos. Razonable y comprensible.

Electrónica y sonido

Desde sus orígenes, Elrick ha elegido Bartolini como inseparable compañero de viaje en sus instrumentos. Aunque existe la opción de encargarle bajos con pastillas Aero, en toda la extensión de su gama, son las pastillas Bartolini Jazz Bass o Soapbar (depende de la configuración elegida por el comprador) especialmente bobinadas y construidas por este valoradísimo fabricante las que prefiere montar en sus bajos. Y lo mismo sucede con los previos. Su configuración estándar es el previo de 3 bandas, pudiendo elegir el comprador si lo prefiere de 9v o de 18v.

El E-volution 5 Gold Series que hemos probado viene con la configuración más habitual en los bajos Elrick: pastillas Bartolini Jazz Hum Cancelling y previo de 3 bandas de 9v. Y esta es la configuración que proporciona el típico sonido Elrick. Pastillas muy silenciosas y previo también muy silencioso. Casi como si fuese una electrónica pasiva. Ahora veremos por qué.

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¿Y cual es el típico sonido Elrick? Pues vamos a tratar de describirlo con palabras, a ver si somos capaces. Ya de entrada, al probar el bajo sin enchufar, llama la atención la sonoridad del bajo sin amplificar. Las características del fresno ligero del cuerpo, al ser una madera de muy baja densidad y grano abierto, hacen que el bajo suene “el solito” con un precioso timbre. Primera consecuencia de la selección de las maderas.

Una vez conectado al ampli, con todos los potenciómetros en su punto central, el sonido es casi tan parecido al de un bajo pasivo que la diferencia entre dar entrada al previo o no hacerlo (tened en cuenta que estamos hablando de tener todos los potes en su posición central) es muy sutil. Se nota un impulso en el volumen pero las características tímbricas no varían. Es un sonido denso, casi me atrevería a decir que clásico. A esto ayudan mucho el diapasón de palosanto de la India (segunda y decisiva influencia de las maderas), así como también las pastillas y el previo Bartolini, todo ello concebido para que el bajista pueda partir de un sonido universal, ese sonido prototípico que todos tenemos en la cabeza como el sonido de un bajo eléctrico. Y desde este punto de partida todo es posible.

El bajo cuenta con potes de Volumen, Balance de pastillas, Agudos, Medios y Graves, así como 2 conmutadores, uno para seleccionar la frecuencia central de actuación en la banda de medios (tres posiciones: 250 Hz/500 Hz/800 HZ) y otro de dos posiciones para conmutar entre activo y pasivo.

La prueba

La llevamos a cabo en 3 entornos diferentes: en mi estudio de casa, sobre un amplificador EBS Classic Studio 60; en el local de ensayo con un Little Mark II + una pantalla Markbass 2×10 y otra Markbass 1×15; y por último en un bolo con una banda de versiones de clásicos (desde Allman Brothers a Pink Floyd pasando por Beatles y Creedence) utilizando en un escenario relativamente grande un cabezal Mesa Boogie M-Pulse 600 + dos pantallas Mesa Boogie (4×10 y 1×15).

Lo principal es decir que en entornos tan diferentes el comportamiento del Elrick fue terriblemente uniforme. Muchos bajos hemos probado que han resultado demasiado cambiantes de probarlos solos a después meterlos en la mezcla de una banda. No es el caso.

Lo mismo que escuchas cuando lo pruebas en soledad es lo que tienes luego cuando lo metes en la batalla de frecuencias con guitarristas, batería o teclista.

El sonido “casi pasivo” del que hablábamos antes que obtienes al enchufarlo en activo y con todos los potenciómetros al centro es perfecto para empezar. Si te gusta el sonido clásico ahí lo tienes, sin necesidad de buscarlo. Pero si estás tras otra cosa, solo tienes que trabajarte un poco las posibilidades de su electrónica.

No esperes de este Elrick un sonido hi-fi ni fulgurante, porque no es su guerra. En su ADN está grabado el sonido puro de bajo, el sonido rico en graves a la vez que equilibrado en medios y agudos pero sin ningún alarde. Y esto se reafirma todavía más cuando empiezas a ver a donde te lleva subir los agudos/medios/graves. Verás que puedes realzar con mucha contundencia cualquiera de las bandas de su ecualización pero sin extremos, sin perder nunca su personalidad de bajo de sonido “universal”. ¿Quieres slap? Pues baja medios y sube agudos y graves y lo tendrás de absoluta calidad pero también con elegante discreción. ¿Quieres que los medios presenten batalla a los guitarristas de tu grupo? Los tienes en abundancia, pero nunca van a ser exagerados. ¿Necesitas sonar grave y muy sólido? Recorta agudos, sube medios un poco y graves y apisonarás pero sin matar a nadie.

Esa es la magia de los Elrick: lo tienes todo pero en dosis muy manejables. En los tres entornos de prueba he tenido la misma sensación de elegancia y sencillez en el sonido, entendiéndose por sencillez lo mejor de la esencia pura del sonido de un bajo (¡que nadie vaya a interpretar sencillez como debilidad en el sonido!), más graves que agudos, más pegada que brillo, más articulación y definición que frecuencias sobresalientes.

No he podido por menos que acordarme de los Lakland de los principios de la marca, cuando montaban toda la electrónica Bartolini, y precisamente cuando empezaron a gozar del beneficio de los mejores bajistas americanos, que se hablaban unos a otros de “esa marca nueva” y raro es el bajista yankee que no se compró uno. Sí, este Elrick me suena a esos históricos Laklands, lo cual es decir mucho y bueno de un bajo.

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Como hemos dicho, los entornos de prueba me dieron sensaciones muy parecidas. Curiosamente, ninguno de los amplificadores utilizados se parecen gran cosa, pero me atrevería a decir que la personalidad del bajo está por encima de cualquiera de ellos.

Pensad en un bajo de banda, creado para dar solidez a la música con posibilidades de adentrarse en terrenos solistas si se le pide, pero con comedimiento. Incluso yo lo utilicé en el sentido inverso pasivo/activo. Me explico: normalmente nos compramos un bajo activo para usarlo en activo y la opción “pasivo” la relegamos a una situación de emergencia, por si nos quedamos sin pila o por si falla el circuito de preamplficación. Y si tenemos que solear pues tiramos de pedal o de segundo canal en el ampli o similar.

Pues yo experimenté en el ensayo y toqué en pasivo guardándome el circuito para un par de incursiones solistas que hago en el repertorio. Claro, al activar el preamplificador, el sonido, debidamente ecualizado con anterioridad, adquiere un protagonismo notable en esos momentos, volviendo después a “desactivar” el circuito y regresando a mi sonido pasivo puro y cálido. Señores, una delicia.

Por supuesto, las pastillas tipo Jazz Bass te permiten jugar con pastilla de puente o pastilla de mástil como lo harías en un Fender clásico y pasearte así por terrenos más guturales y “cortamezclas” (puente) o más pesados y contundentes (mástil).

Podemos concluir esta parte del artículo diciendo que no estamos ante un bajo construido en torno a la electrónica sino todo lo contrario, una electrónica cuya función es realzar las características acústicas y sonoras del bajo.

Conclusiones

Por si no ha quedado suficientemente explícito a lo largo de los párrafos anteriores, este Elrick de 5 cuerdas es un bajo cómodo no, lo siguiente. Por peso, por ergonomía, por construcción y por perfil del mástil y anchura del mástil, es una delicia. Porque la anchura en todo el recorrido del diapasón es para mí la perfecta, ni muy estrecho (léase Music Man) ni muy ancho (léase Sadowsky).

Por si no me he expresado con la suficiente claridad, suena equilibrado y con una densidad que hace que el bajo sea el bajo. Tu banda estará encantada de subirse encima, tu técnico de grabación estará feliz porque el bajo suena a bajo y tu público escuchará el bajo sin confundirlo con ningún otro instrumento.

Y por si no se me ha notado, me encantaría tener un bajo de este nivel de construcción y acabados, con este sonido y este nivel de exclusividad pagando un precio alto (en torno a los 2.590 euros) pero muchísimo (y digo muchísimo) menos de lo que cuestan otros bajos de boutique de idéntico nivel.

¡Viva el síndrome de adquisición de equipo, también conocido como GAS!

Jerry Barrios.

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